Un cuento chino

No sé trata de una nueva película de Sebastián Borensztein  sobre el advenimiento de un asiático a nuestro país, tampoco la protagoniza Ricardo Darín, en la carne de Roberto, un argentino malhumorado con una vida monótona que se pasa los días coleccionando noticias insólitas de distintos diarios del mundo. Este “Cuento chino” es el caso inverso, quizás tan particular que, sin dudas, tendría lugar en esas colecciones. Un argentino, un crespense, que viajó a China para desarrollar su profesión en el continente más extenso y poblado del mundo.

Mauricio Percara, Licenciado en Periodismo y Comunicación y locutor profesional, un día  recibió un llamado inusual para un proyecto laboral fuera del país.  Su espíritu soñador y su persistencia en busca de nuevos horizontes lo llevaron a un nuevo y enorme desafío. A mediados de noviembre de este año, se mudó  a Beijing para trabajar  en China Radio Internacional y China Broadcast Media.

— ¿Cómo surgió el proyecto por el que hoy te encontrás en China?

— Estando yo apenas recibido y en el difícil camino que representa incorporarse a los medios de comunicación en mi ciudad, provincia, región y —supongo— en todo mi país, una colega me aconsejó de muy buena manera y con las mejores intenciones: “Nunca te van a llamar para un trabajo. Eso solamente pasa en las películas”. Como mi espíritu es soñador y vago; ya que mi ser no comprende las barreras del hombre, ni es capaz de percibir una vida sin anhelos imposible, sentí un gran pesar al oír esas palabras, que únicamente intentaban guiarme y ahorrarme contratiempos —por lo que estoy agradecido, claro—.

Pero siempre fui y seré un niño; o tengo la mentalidad de uno; o simplemente soy caprichoso y empecinado. Quizá fue ese día —o no— que inicié un camino o una búsqueda. Me animé a ser utópico sin saberlo. Golpeé puertas, empecé  a buscar trabajo; seguí perfeccionándome, hice muchos cursos y estudié otra carrera relacionada a la comunicación; creí en lo que los que me rodeaban no creían.

Mi voz, mis escritos y mis programas comenzaron a viajar por el país y, casi al mismo tiempo, por el mundo. El cambio fue brusco, repentino y muy intenso. Pero, físicamente, yo apenas me movía de mi asiento. Es lo bueno y lo malo de ser un trabajador freelance.

Un día, como cualquier otro, una mujer china me llamó y me ofreció un trabajo. Hoy, estoy en Beijing y esa mujer es Sofía –en realidad, ese el nombre en español que escogió para ser llamada—, la encargada del Departamento de Español de Radio China Internacional, lugar donde laboro actualmente.

—¿Cómo te manejás con el idioma?

En realidad, con los idiomas. Hasta hace menos de un mes, apenas necesitaba del uso de un español muy liviano para hablar con amigos y conocidos. Ahora, tengo que utilizar todo lo que sé —y lo que no— de inglés, portugués, italiano o francés y crear nuevos dialectos cada día con colegas o con los amigos que voy haciendo de este lado del mundo. Aprender palabras básicas del chino para sobrevivir también es algo que necesito, lo más básico empieza a incorporarse a mi vocabulario lentamente. Es una sensación de desesperación comunicacional, que me resulta por demás fascinante.

Por ejemplo, en mi apartamento convivo con un colega de Mauritania que tiene el árabe como primera lengua, el francés como segunda y comenzó a aprender inglés desde hace un par de meses. La conversación es muy extraña, pero lo importante es que Abdou —ese es su nombre— me cae muy bien; además, prepara un té mauritano que es, por lejos, el té más delicioso que he probado en mi vida. El otro colega que vive conmigo es de Hong Kong, su nombre es Byron, y habla inglés. Asia, África y América; tres periodistas, de tres continentes compartiendo cocina y  living-comedor… y sólo un televisor que siempre está en algún canal árabe.

—¿Qué es lo que más te ha llamado la atención?

Debería distinguir dos realidades que se superponen y simulan ser incompatibles entre sí al comentarlas con alguien que no esta aquí, pero que se complementan muy bien realmente.Lo bueno es que la gente es por demás amable, muy servicial en el trato, siempre dispuesta a ayudar a quien sea y aunque realmente no puedan. Por ejemplo, al día siguiente de haber arribado a Beijing me dispuse a comprar una SIM card china para poder comunicarme con mi familia y amigos argentinos y, sobre todo, para poder contarles que estaba bien, a salvo y vivo.

Yo no hablo chino y fui a un supermercado en el que nadie hablaba inglés o español. En unos quince minutos, estaba rodeado por unos cinco chinos, usando aplicaciones de sus celulares para traducir lo que les estaba diciendo. Una vez superada esa prueba, supe que estaba en el lugar correcto. Fue muy divertido.

Hablemos de lo malo: la gente se mueve como una masa compacta y le gusta el roce, el efecto de la multitud. Si vas en subte, te van a chocar, a empujar y a pisar; pero es raro oír a alguien quejarse, porque es normal para los chinos.

—¿Cuando regresarás a Argentina?

Eso es algo que aún no sé. Seguramente será cuando la situación lo amerite.

De acá a la China, Mauricio Percara ha demostrado lo superfluo que resultan esos límites que por momentos nos trazan  a  quienes nos desempeñamos en  medios de comunicación. Cabe destacar que el destino no es azaroso, no es una cuestión de suerte, el destino hay que forzarlo y muchas veces está en nuestras manos. Como expresa Antoine de SaintExupéry  en el libro de El Principito “Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos”. Mauricio, ha sabido vencer esas peripecias y, en su capricho, ha sabido demostrar que su recorrido laboral  podía asemejarse al de una  película y que las utopías, a veces, existen por las personas que no lo intentan.

Si quieren conocer más sobre su experiencia, el entrevistado cuenta con un blog en el que reúne los relatos sobre este viaje emprendido. Haga click aquí

 

Redacción: Gonzalo Gadea Britos

Deja un comentario